| 08-03-2019

Pescando por la Justicia de Género en el Día Internacional de la Mujer

La pesca sigue siendo percibida como una tarea principalmente masculina

Inicialmente establecido para impulsar la consecución del sufragio universal femenino en 1910, el Día Internacional de la Mujer ha pasado a ser un símbolo de la lucha de las mujeres. En este día FIAN International, junto a World Forum of Fisher Peoples (WFFP), World Forum of Fish Harvesters & Fish Workers (WFF), Transnational Institute (TNI) y CROCEVIA, quiere llamar la atención sobre la lucha de las mujeres del sector pesquero por su derecho a la alimentación y a la nutrición.

Tal y como recoge el FMPP: “no existe una definición que describa de manera homogénea la experiencia de las mujeres en la pesca”.

La mujer juega un papel crucial en la pesca a lo largo de toda la línea de producción, desde la pesca en sí, hasta el marketing, la venta y otras actividades como el procesado, empaquetado, creación de productos de alto valor añadido y facilitando diversos servicios en las instalaciones de desembarque. Durante el periodo previo a la recogida, las mujeres son responsables de     tareas cualificadas y con una importante demanda de tiempo, tales como el tejido de la malla de pesca o la preparación de las comidas. Entre las actividades posteriores a la recogida de peces, las mujeres se ocupan de la venta, ahumado o procesado. La recolecta manual de moluscos en lagunas y zonas de aguas estancadas son un ejemplo de otras actividades en manos de las mujeres del sector. Dependiendo de la región, estas tareas pueden ser remuneradas o no. En cualquiera de los casos, el papel multidimensional que juegan las mujeres en este sector no está ni reconocido ni recompensado.

En primer lugar, la pesca sigue estando percibida como una tarea principalmente masculina, a pesar del importante trabajo realizado por las mujeres. Las actividades del hogar no están consideradas como un “trabajo real” y la labor de las mujeres en la carga y venta del pescado seco está infravalorada. Asimismo, tal y como la Relatora Especial sobre el Derecho a la Alimentación ha querido     subrayar, las mujeres a menudo realizan los trabajos peor pagados y reciben salarios más bajos que sus homólogos masculinos por la misma tarea. En muchos casos, además, las mujeres son incorrectamente remuneradas por parte de los intermediarios en la cadena de producción, aunque trabajen como empleados independientes de la pesca a tiempo completo.

Asimismo, la disminución de las reservas pesqueras y la consecuente migración de los hombres en busca de alternativas ha incrementado la carga sobre las mujeres que no emigran. Es esta una realidad que transciende las normas culturales, con el aumento de la presencia de las mujeres en las actividades de captura de peces, al mismo tiempo que conservan sus tareas de género asignadas, para las que siguen siendo titulares de la labor reproductiva social.

En segundo lugar, los proyectos de infraestructuras a gran escala en la costa, la privatización de extensiones de agua, programas de conversión medioambiental y la apropiación marina son una importante amenaza para las comunidades de pesca a pequeña escala, y en lo que se refiere al acceso tanto de hombres como de mujeres a los recursos de producción y renta. Esta situación afecta de manera desproporcionada a las mujeres, al aumentar los obstáculos a los que se enfrentan en su intento por acceder a los recursos naturales y ejercer su derecho a la alimentación y a la nutrición, como resultado de leyes de discriminación y normas de patriarcado social. “Actualmente, la única manera de garantizar el acceso a pescado fresco para la venta es si tu marido es pescador o si eres dueña de la embarcación”, afirma Nampala Jamawa, en el distrito de Mukono, Uganda. No tener acceso a masas de agua implica que no haya peces, recurso de empleo para las mujeres.

En tercer lugar, la desregulación del acceso a los océanos, llevada a cabo por los estados por y para los actores corporativos, ha aumentado el desplazamiento de poblaciones y la externalización del trabajo del sector pesquero, y ha resultado en feminización laboral. Como ha     apuntado la Relatora Especial del Derecho a la Alimentación, incluso en los casos de empleo formal en el sector, las mujeres trabajan bajo condiciones de pobreza y carecen de instalaciones infantiles, permisos de maternidad o protección contra los riesgos laborales. Además de esto, las mujeres siguen enfrentándose a diversas formas de acoso en los lugares de trabajo, mientras los actores privados de benefician de la débil aplicación de la legislación.

En líneas generales, el Relator Especial de los Defensores de los Derechos Humanos Michael Forst afirma en su     informe anual sobre los defensores de los derechos de la mujer de este año que “la globalización y las políticas liberales”, como las que se han listado anteriormente, han “llevado a la pérdida de poder económico y creación de desigualdades que afectan directamente a los derechos de la mujer”. La implementación de proyectos que destruyen el medioambiente y fuerzan el desplazamiento de las comunidades están detrás del aumento de la marginalización, empobrecimiento y fragmentación de comunidades y familias. Sin embargo, las defensoras de los derechos, según enfatiza Forst, siguen en primera línea de tales protestas por sus derechos, habitualmente con menos recursos que aquellos contra los que resisten. A pesar de vivir bajo normas sociales discriminatorias y autoritarios gobiernos que criminalizan a quienes se enfrentan al nexo estado-corporaciones, las mujeres siguen organizándose en torno a la defensa de sus derechos.

El derecho a una alimentación y nutrición adecuadas requiere un enfoque integrado que garantice que se aborden todos los casos estructurales de hambre y malnutrición a lo largo de la cadena de producción: desde el acceso, control, gestión y propiedad de los cuerpos de agua, hasta el procesado de los alimentos, marketing, promoción, protección de los lugares de trabajo, una renta y hábitos de consumo decentes, hasta el momento de la ingesta del alimento como producto básico para la nutrición y salud, tanto individual como en comunidad.

WFFP, WFF, TNI, CROCEVIA y FIAN Internacional lanzan una invitación a otras organizaciones de derechos humanos a unir sus fuerzas y exigir a los estados la implementación de sus obligaciones legales recogidas en los tratados de derechos humanos y en los instrumentos legales que protegen a las mujeres y garantizan su titularidad sobre los recursos y por un mundo libre de cualquier forma de violencia; como es el caso de     las directrices de Pesca a pequeña escala,     La recomendación General 34 del Comité de la CETFDCM sobre los derechos de las mujeres de zonas rurales, así como la recientemente aprobada     Declaración de Derechos humanos de los Campesinos y Otras personas que Trabajan en zonas rurales.