| 10-12-2018

Combatiendo fantasmas, caminando hacia el futuro: la Declaración de los Derechos Humanos cumple 70

FIAN International subraya el importante papel de los derechos humanos en la lucha contra las dinámicas transversales de opresión estructural.

Hace siete décadas que los estados miembros de la ONU – en aquel entonces conformada fundamentalmente por las Américas, Europa y Asia oriental – debatían el borrador final de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH). Para algunos, el texto estaba lleno de promesas, otros lo consideraban insuficiente; sea como fuere, la Declaración reflejaba la fuerte preocupación por el posible resurgimiento de diversas formas de fascismo, y un verdadero deseo por establecer una duradera paz internacional. En el contexto actual, resulta inevitable preguntarse si este documento de 30 artículos es suficiente para afrontar los problemas del mundo moderno y evitar la guerra.

Las necesidades de la sociedad moderna en la era de la post guerra presentaban una multitud de desafíos, especialmente en un contexto en el que el capitalismo estaba en pleno crecimiento. Tal y como se recogió durante los debates, “el desarrollo histórico de la sociedad capitalista impone unas condiciones económicas desfavorables para el individuo”. Una Declaración que pretende proteger los derechos humanos y que a su vez no garantiza unas condiciones materiales adecuadas en las que puedan ser disfrutados por la sociedad es, en sus propias palabras, “ilusoria”.

A lo largo de las últimas décadas, la legislación internacional de derechos humanos se ha desarrollado significativamente. Aún así, estas preocupaciones continúan sin resolverse.

Dinámicas transversales de opresión estructural 

En un contexto en el que el hambre se encuentra en pleno crecimiento a nivel mundial, las dinámicas transversales de opresión estructural se hacen más fuertes: el modelo económico predominante sigue dando lugar al despojo, desigualdad, migraciones y desplazamientos; y la destrucción medioambiental y climática, causada en gran medida por las actividades de las compañías transnacionales, pone en peligro la vida. Al mismo tiempo, el patriarcado, el racismo y el neocolonialismo hacen de específicos grupos sociales, sujetos de explotación. 

FIAN Internacional cree firmemente en el importante papel que los derechos humanos tienen que jugar en la lucha contra las dinámicas transversales de opresión estructural. Para ello, las cuestiones que quedaron sin resolver en 1948, sumadas a los nuevos problemas emergentes como los relacionados con el     dominante uso de las nuevas tecnologías, han de pasar a un primer plano. Ahora, más que nunca, es necesario seguir ampliando el reducido alcance que tradicionalmente han tenido los derechos humanos, y que sigue, aún hoy, basándose fundamentalmente en los derechos civiles y políticos del individuo, en la mirada de Occidente y el entorno urbano en general sobre el mundo.

Modelos que ofrecen nuevas posibilidades

La     inminente aprobación de la Declaración de los derechos de los campesinos y otras personas que trabajan en zonas rurales por la Asamblea General de la ONU demuestra que sí es posible. Las comunidades campesinas del Hemisferio Sur han sido las encargadas de conceptualizar, desarrollar e impulsar la adopción de esta declaración, con el fin de visibilizar la lucha contra la destrucción de sus medios de subsistencia y de sus vidas. Campesinos y campesinas se han alzado para recuperar la dignidad, la acción política y el poder.

Durante los últimos 6 años de trabajo, los debates llegaron a su punto más tenso, al igual que ocurrió en 1948, al tocar los derechos humanos de las colectividades. No obstante, en esta ocasión, las discusiones se han saldado con el reconocimiento de derechos humanos como el derecho a la tierra, al agua, a las semillas y a la biodiversidad; derechos humanos fundamentales para frenar el crecimiento de la tasa de hambre en el mundo.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos sigue siendo un instrumento fundamental en el mantenimiento de la paz internacional y del bienestar de los individuos en todo el mundo. Es nuestro deber luchar contra los fantasmas del pasado y seguir construyendo un movimiento de derechos humanos más fuerte y más crítico.