En las comunidades rurales de todo el mundo, las mujeres son el pilar de la producción de alimentos y del cuidado. Sin embargo, también están en la primera línea de una creciente crisis de salud y ambiental causada por el uso generalizado de agrotóxicos. Los pesticidas y fertilizantes sintéticos, centrales en el sistema alimentario corporativo industrial y en el modelo de producción, juegan un papel fundamental en la triple crisis planetaria: la intensificación del cambio climático, la degradación de ecosistemas y pérdida de biodiversidad, y la contaminación ambiental.
Nuestro nuevo informe “Mujeres rurales, cuidado y agrotóxicos” muestra que las mujeres enfrentan exposición en todas las dimensiones de la vida. En las industrias del banano y la floricultura de Ecuador, las mujeres trabajan en medio de fumigaciones y residuos químicos, a menudo sin protección. Muchas llevan prácticas de uso de pesticidas a invernaderos familiares cerca de sus hogares, extendiendo la contaminación al ámbito doméstico. Las mujeres están expuestas a tóxicos durante el trabajo de cuidado, cuando lavan ropa contaminada, preparan alimentos o recogen agua. Los tóxicos también aumentan su ya pesada carga de trabajo de cuando además cuidan a familiares enfermos.
“Estamos en una lucha constante. Buscamos producir alimentos que son sanos y agrodiversos […] plátano, cacao, yuca, café, cítricos, aguacate […]. Sin embargo, a nuestros alrededores […] nos encontramos con grandes extensiones de monocultivos de banano. A través de fumigaciones, por medio de avionetas o drones, la producción extensiva contamina a la naturaleza, nuestra producción y a nosotras mismas.” Evelyn Yánez y Daisy Chávez, mujeres rurales de Ecuador.
El cuidado como resistencia y transformación
A pesar de estas injusticias, mujeres rurales están construyendo alternativas transformadoras basadas en el cuidado. Están liderando la resistencia contra un sistema alimentario centrado en la extracción y la contaminación que acumula riqueza en manos de unos pocos mientras externaliza los daños a las comunidades y al medio ambiente. En Ecuador, la Red de Mujeres Rurales ha emprendido una transición agroecológica que incluye producción diversificada, protección de semillas, escuelas agroecológicas dirigidas por mujeres, reservas territoriales de alimentos libres de agrotóxicos y mercados comunitarios.
Igualmente, en Honduras, mujeres pescadoras están defendiendo sus territorios costeros, que están siendo contaminados y privatizados por la acuicultura industrial de camarón. La destrucción de los manglares y la biodiversidad marina ha dificultado cada vez más que estas mujeres alimenten a sus familias o se ganen la vida; al mismo tiempo que agrava los impactos del cambio climático en las comunidades costeras. Sin embargo, continúan cuidando los ecosistemas marinos y sus comunidades, exigiendo la co-gobernanza de los recursos marinos, restaurando los manglares y abogando por prácticas de pesca sostenibles.
“Estamos llenas de laboratorios de camarón, agarraron nuestras playas y solo nos dejan escombros y contaminación. No cumplieron sus promesas de dar empleo a la comunidad. Lideresa de la comunidad de Cedeño.
Estos esfuerzos no solo buscan garantizar la seguridad alimentaria; se trata de recuperar el control sobre los recursos naturales que sustentan la vida y sobre la forma en que se produce la comida y se alimenta a las familias. Al abrazar la agroecología, las mujeres demuestran que el cuidado de los sistemas alimentarios, la tierra, el agua, los bosques y las comunidades, es una fuerza clave para la justicia social y ambiental. Abogan por formas de producir, recolectar e intercambiar alimentos basadas en el cuidado y la solidaridad, no en insumos tóxicos y la codicia corporativa.
Los desafíos que enfrentan las mujeres rurales se ven agravados por las desigualdades de género. Aunque realizan la mayor parte del trabajo de cuidado no remunerado, reciben poco o ningún apoyo del estado, y su trabajo a menudo es subestimado e invisibilizado. Como señaló Marcos Orellana, Relator Especial de la ONU sobre Sustancias Tóxicas y Derechos Humanos, las mujeres enfrentan una “doble injusticia”: son responsables de proteger a sus familias de los tóxicos invisibles, pero a menudo se les niegan los recursos y la información necesarios para protegerse a ellas mismas y a sus comunidades.
El liderazgo y las prácticas transformadoras de las mujeres rurales ofrecen una hoja de ruta para un mundo justo y libre de tóxicos. Para apoyar y amplificar sus esfuerzos, es esencial que los estados:
- Reconozcan el cuidado de los alimentos como esencial: Reconocer el papel fundamental del trabajo de cuidado de las mujeres en el sostenimiento de la vida y los sistemas alimentarios.
- Redistribuyan las responsabilidades del cuidado: Implementar políticas que distribuyan equitativamente el trabajo de cuidado entre las familias, las comunidades y el estado.
- Apoyen la agroecología: Invertir en prácticas agroecológicas sostenibles lideradas por mujeres, proporcionando capacitación, recursos y acceso a mercados.
- Hagan cumplir medidas protectoras: Promulgar regulaciones sólidas y sensibles al género para proteger a las mujeres rurales de los agrotóxicos y otras sustancias tóxicas.
Si realmente queremos sistemas alimentarios justos, saludables y sostenibles, debemos colocar el cuidado—y a las mujeres que lo brindan—en el centro de las políticas y acciones. Proteger sus derechos no es solo una cuestión de justicia; es esencial para el futuro de los alimentos y la salud de nuestro planeta.

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