| 26-09-2017

Una crisis alimentaria mundial que nunca terminó

La crisis de 2007/2008, por la que el número de personas que padecen hambre aumentó hasta los mil millones y puso en riesgo los derechos humanos de muchos otros, no llegó a terminar en ningún momento, según alerta el Observatorio del Derecho a la Alimentación y a la Nutrición de 2017.

Lanzado hoy en la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el     Observatorio por el Derecho a la Alimentación y a la Nutrición conmemora su décimo aniversario haciendo balance de la última década, cuando la crisis alimentaria mundial alzó la cifra de hambre hasta su punto más elevado. Hoy día, a pesar de los avances, persisten muchos de los problemas que causaron la crisis en un primer lugar y que siguen afectando a millones.

El informe de este año “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición” (SOFI) anuncia que, tras un descenso continuado durante una década, el número de personas que padecen hambre en el mundo está de nuevo en crecimiento, con una cifra de 815 millones de personas en 2016, lo que representa un 11% de la población mundial. Aunque estos datos no muestran la imagen completa de la situación de inseguridad alimentaria, dan una pista sobre el camino hacia el que el mundo se dirige. La proliferación de los conflictos violentos, como en el caso de Yemen; y las catástrofes derivadas del cambio climático, como ha ocurrido en el Caribe y América, son en parte responsables de esta tendencia, pero, por encima de todo esto se encuentra el sistema económico dominante.

Bajo el título     “Vencer la crisis alimentaria mundial”, el tema del Observatorio ilustra con diez artículos y diez imágenes la actual crisis alimentaria en la que el mundo se encuentra atrapado. El Observatorio pone luz sobre los entresijos que se ocultan tras la crisis, desde el cambio climático hasta las abusivas leyes del comercio mundial, pasando por las megafusiones de la agroindustria, el papel de la mujer en la transformación del sistema alimentario y el derecho a la alimentación en situaciones de emergencia.

Cuando el desastre no es una sorpresa

El Observatorio recoge cómo la crisis, polifacética y multidimensional, “tuvo profundos efectos en las vidas y los medios de subsistencia de las personas, en sus relaciones con los alimentos, así como en la salud pública y el tejido social de las comunidades, efectos que persisten en la actualidad”. La crisis fue el resultado de la convergencia de complejos factores a largo y corto plazo, según analizan los autores. Para muchos, sobre todo para los movimientos de soberanía alimentaria, no llegó por sorpresa, siendo una inevitable consecuencia de los sistemas económicos y políticos dominantes que dan prioridad al beneficio económico frente al respeto del medioambiente y de los derechos humanos.

El Observatorio subraya que el sistema alimentario mundial homogeneizarte y hegemónico está dirigido por corporaciones transnacionales cada vez más concentradas, al mismo tiempo que reduce los alimentosa a meras mercancías comercializables. El espacio rural es el primer lugar en el que se materializa este conflicto, a menudo de un modo violento, mientras que en los contextos urbanos aumenta la incidencia y el predominio alarmante de las enfermedades no transmisibles relacionadas con la dieta. “Esta insostenibilidad se había puesto de manifiesto en la explotación sistemática de la mano de obra agrícola, la contaminación persistente de los recursos naturales, la concentración de poder y riqueza económicos que dejó a las y los productores de alimentos crónicamente endeudados, y los crecientes niveles de desigualdad en el acceso a los alimentos y los recursos productivos”, recoge el Observatorio.

Sacudir el sistema para salir de él

Entre sus recomendaciones para vencer la crisis, la publicación señala la necesidad de transformaciones sistemáticas y de pasar a un sistema de producción, distribución y modelos de consumo responsables, basados en la solidaridad y en la justicia social medioambiental y de género, así como la garantía de todos los derechos humanos. “Con miras a disponer de los medios para alimentarnos en el futuro, necesitamos urgentemente construir sistemas alimentarios locales y regionales resilientes y hacer frente a las concentraciones extremas de poder en los mercados nacionales e internacionales”, concluye.

Comentando sobre la publicación, Soledad García Muñoz, primera relatora especial sobre Derechos económicos, sociales, culturales y medioambientales de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), afirma: “Para entender la crisis es necesario hacer una lectura sincera e introspectiva del sistema alimentario imperante y del engranaje socio-político y económico que lo sustenta. Para superarla, hemos de lograr incidir en una mejor distribución del poder y la riqueza, creer que el cambio es posible, y que debemos reforzar los derechos humanos y los mecanismos que los promueven de buena fe. Al fin y al cabo, como señala el Observatorio, ellos son resultado de nuestras propias luchas por la justicia social y serán piedras angulares de vida para las generaciones futuras.”

Puedes acceder al Observatorio     aquí.

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